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La tierra no es una mercancía: por qué la reforma a la Ley de Tierras nos afecta a todos

  • hace 7 días
  • 3 min de lectura

Por Lucía Castillo


El próximo 6 de agosto, el Senado de la Nación volverá a debatir el proyecto de Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, impulsado por el gobierno nacional como parte de su paquete de desregulaciones. Detrás de ese nombre técnico y aparentemente neutro se esconde una de las reformas con mayor impacto ambiental y territorial de los últimos años: la derogación de la Ley de Tierras Rurales vigente desde 2011, que establece límites a la compra de campos por parte de personas y empresas extranjeras.

Desde NSL Foundation creemos que este debate nos compete a todos, porque cuando hablamos de tierra, estamos hablando de agua, de bosques, de glaciares, de biodiversidad. Estamos hablando del territorio que habitamos y de los recursos que sostienen nuestra vida.


¿Qué dice la ley actual y qué cambiaría?

La Ley 26.737, sancionada en 2011, establece que los extranjeros no pueden ser propietarios de más del 15% de las tierras rurales del país, de cada provincia y de cada municipio. Además, fija un límite de 1.000 hectáreas en la zona núcleo agrícola y prohíbe expresamente la compra de campos sobre cuerpos de agua permanentes, glaciares y zonas de frontera.

El proyecto que el oficialismo buscará aprobar el 6 de agosto elimina esos límites para inversores privados extranjeros, dejando a las provincias la potestad de regular, o no regular, la compra de tierras en sus territorios. Según el Observatorio de Tierras del CONICET y la UBA, más de 13 millones de hectáreas del territorio argentino ya se encuentran en manos extranjeras, y 36 departamentos o municipios superan actualmente el límite del 15% vigente. La reforma borraría ese techo.


Lo que está en juego ambientalmente

Este no es solo un debate económico o político. Es, ante todo, un debate ambiental.

La ley actual prohíbe la venta de tierras sobre cuerpos de agua permanentes. Su derogación abriría la puerta a la concentración privada de cuencas, ríos, lagos y humedales en manos de capitales extranjeros. En un planeta donde el agua dulce es cada vez más escasa y disputada, entregar el control de nuestras fuentes hídricas es una decisión de consecuencias irreversibles.

Argentina alberga cerca de 17.000 cuerpos de hielo que abastecen de agua a millones de personas. El 56% de las especies evaluadas en el país habita en regiones alimentadas por agua glaciar, según un informe de Aves Argentinas, Fundación Vida Silvestre y WCS Argentina. La reforma de la Ley de Tierras se suma a la reciente modificación de la Ley de Glaciares, configurando un escenario de desprotección acumulada de nuestras reservas de agua dulce.

El proyecto también deroga artículos clave de la Ley de Manejo del Fuego, que actualmente prohíbe cambiar el uso de tierras afectadas por incendios durante décadas, justamente para evitar la especulación inmobiliaria. Sin esa protección, quemar para deforestar y luego vender se vuelve un negocio sin consecuencias legales.

Y en zonas como la Puna salteña y jujeña, donde comunidades campesinas e indígenas viven de la ganadería y la agricultura, el acceso a la tierra y al agua es la base de todo. La flexibilización de la Ley de Tierras agrava la inseguridad jurídica de esas comunidades en territorios que ya enfrentan la presión de la industria minera. Para ellas, perder el control sobre la tierra no es una abstracción: es perder el territorio que las sostiene.


¿Por qué nos importa desde NSL Foundation?

Proteger los recursos naturales no es una posición política: es una necesidad ecológica y una obligación con las generaciones que vienen. La tierra no es una mercancía. Es el sustento de la vida, de las culturas y de los ecosistemas que hacen posible nuestra existencia.

El 6 de agosto se vota en el Senado. Lo que se decida ese día define quién controla nuestra tierra, nuestra agua y nuestros recursos naturales. Ceder ese control no es solo una decisión económica: es una decisión sobre nuestra soberanía como país y sobre el futuro de los ecosistemas que nos sostienen.

 
 
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