Fin de una era: Las energías renovables destronan a los combustibles fósiles a nivel mundial
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Por primera vez en más de un siglo, la generación eléctrica a partir de fuentes limpias ha superado a los principales combustibles fósiles, marcando un punto de inflexión definitivo para la industria energética global.
Según los últimos informes del centro de estudios climáticos Ember y datos consolidados durante la primera mitad del año, el sistema eléctrico mundial acaba de cruzar un umbral crítico. La combinación de energía solar y eólica representa actualmente el 22% de la electricidad global, superando oficialmente al gas natural (20%) y desplazando progresivamente al carbón de su histórico primer puesto a nivel mundial.
Este hito fue impulsado por la instalación récord de infraestructuras limpias, lideradas por China, la Unión Europea e India. Este despliegue masivo ha logrado algo que parecía imposible hace una década: absorber el drástico aumento de la demanda eléctrica global —empujada por la movilidad eléctrica y los inmensos centros de datos de inteligencia artificial— sin necesidad de recurrir al encendido de nuevas centrales térmicas contaminantes.
Dato clave: La energía solar consolidó su papel como el principal motor de este cambio; su ritmo de crecimiento durante el último año fue 18 veces mayor que el del gas natural.
El factor geopolítico y el almacenamiento
El declive relativo de los combustibles fósiles no solo responde a una urgencia climática innegable, sino a imperativos de seguridad nacional y economía. La extrema volatilidad de los precios del gas y el petróleo frente a las recientes crisis geopolíticas ha acelerado, a la fuerza, los planes de independencia energética en grandes bloques económicos europeos y asiáticos.
Además, el gran "talón de Aquiles" histórico de las energías renovables —su intermitencia cuando no brilla el sol o no sopla el viento— está comenzando a resolverse gracias a la irrupción comercial de sistemas de almacenamiento en baterías a gran escala. Esta tecnología de respaldo permite guardar los excedentes del mediodía para inyectar energía limpia a la red durante los picos de consumo nocturno.
Aunque el camino hacia la neutralidad de carbono sigue siendo largo y complejo, las cifras de este año confirman un diagnóstico claro: la transición energética ha dejado de ser una promesa a futuro para convertirse en la nueva normalidad operativa del mundo.
Países que lideran el cambio
Los líderes indiscutidos (Cerca del 100%)
Estos países lograron la casi total descarbonización de sus redes eléctricas, apoyándose fuertemente en sus recursos naturales:
Islandia (100%): Aprovecha su posición sobre una zona de alta actividad volcánica y sus abundantes recursos hídricos. Combina energía geotérmica e hidroeléctrica para abastecer casi la totalidad de su electricidad y calefacción.
Noruega (~98%): Su matriz se basa casi por completo en la energía hidroeléctrica gracias a su terreno montañoso y altos niveles de precipitación. Su política de fomento a los vehículos eléctricos ha permitido que esta energía limpia también empiece a descarbonizar el transporte.
Costa Rica (~98-99%): Este país centroamericano lleva años operando su red eléctrica casi exclusivamente con energía renovable, combinando hidroeléctrica, geotermia, eólica y biomasa. Han impulsado un ambicioso plan para descarbonizar toda su economía (incluyendo transporte y agricultura) para 2050.
La vanguardia en políticas de transformación
Otros países no tenían la misma geografía volcánica o de fiordos, pero lograron resultados excepcionales en poco más de una década gracias a marcos regulatorios innovadores:
Uruguay (~95%): Es quizás el caso de éxito más estudiado del mundo. Hace 15 años dependía fuertemente del petróleo importado. A través de una política de Estado iniciada en 2008, fomentó una alianza público-privada. La empresa estatal garantizó contratos de precio fijo por 20 años a inversores privados. Esto provocó un boom de la energía eólica, que hoy cubre gran parte del territorio, sumado a la hidroeléctrica y biomasa.
Dinamarca (~88%): Es el líder mundial en energía eólica. A diferencia de los países hidroeléctricos (cuya energía es estable), Dinamarca apostó por el viento, que es variable. Su éxito radica en políticas de interconexión con países vecinos, sistemas de respaldo y una red sumamente flexible.
La lección política principal
El factor común entre países como Uruguay o Dinamarca (que construyeron su matriz recientemente) es que trataron la transición no solo como un tema ambiental, sino como un negocio financiero seguro. Al garantizar estabilidad jurídica a largo plazo y contratos de compra de energía a precio fijo, lograron que la inversión privada fluyera rápidamente hacia la instalación de parques eólicos y solares, demostrando que con la regulación adecuada, la transición energética puede ser sumamente rápida.


