Mujeres, ciencia y orgullo argentino: Científicas de la UBA desarrollan un bioplástico revolucionario
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Un equipo de científicas de la UBA logró un avance fundamental para el envasado sustentable: un film biodegradable creado con recursos nacionales que desaparece en apenas cinco semanas. Una respuesta concreta frente a la contaminación plástica que impulsa el desarrollo de las economías regionales.
El plástico convencional, derivado de combustibles fósiles, nos enfrenta a uno de los mayores desafíos ambientales de nuestra era. Su durabilidad, que alguna vez fue su mayor ventaja comercial, es hoy su principal amenaza. Sin embargo, la ciencia argentina está trazando un nuevo camino hacia la economía circular. Científicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) han desarrollado un sustituto del plástico elaborado a partir de almidón de mandioca y yerba mate.
Este nuevo material, pensado específicamente para el envasado de alimentos, representa una alternativa real y sustentable frente a los polímeros tradicionales que tardan siglos en degradarse.
El peso del problema: microplásticos y baja tasa de reciclaje
La necesidad de transicionar hacia materiales amigables con el ecosistema es urgente. Julieta Pajoni, becaria doctoral de Ciencias Físicas e integrante del proyecto, dimensiona el problema con claridad: "En el año se producen 400 millones de toneladas de plásticos, y solo el 10% se recicla. El resto tarda décadas en degradarse o nunca lo hace".
Durante su lentísimo proceso de descomposición natural —que puede demorar entre 100 y 500 años—, los plásticos convencionales se fragmentan en microplásticos. Estas partículas invaden ríos, océanos y suelos, infiltrándose en la cadena alimentaria y generando riesgos directos tanto para la fauna marina como para la salud humana.
Innovación con Triple Impacto: de la tierra al laboratorio
El bioplástico desarrollado en la UBA no solo ofrece una solución ecológica, sino que activa un mecanismo de triple impacto al valorizar materias primas autóctonas.
Natalia Hermoso, tesista de Ciencias Físicas, explica que el propósito del proyecto es "reemplazar parte del plástico y así poder usar fécula de mandioca y yerba mate para darle valor agregado a productos nacionales".
¿Cómo es el proceso de creación? El equipo del laboratorio de polímeros y materiales compuestos transforma estos recursos naturales mediante un procedimiento técnico preciso:
Formulación: Se mezcla la fécula de mandioca con plastificantes naturales para otorgarle flexibilidad.
Extrusión: La mezcla se procesa en una máquina extrusora para obtener cordones termoplásticos.
Termoformado: Finalmente, según detalla la becaria doctoral Leiza Fernández, el material se lleva a una prensa hidráulica donde adquiere su formato final de film.
Cinco semanas frente a cinco siglos
El contraste más asombroso de este desarrollo radica en su ciclo de vida. Mientras un envase tradicional derivado del petróleo permanecerá en el ambiente durante generaciones, el film de mandioca y yerba mate tarda aproximadamente cinco semanas en degradarse en la tierra.
Al estar compuesto por fuentes 100% naturales, los microorganismos del suelo pueden procesarlo e incorporarlo nuevamente al ciclo biológico sin dejar residuos persistentes ni tóxicos.
Además de evitar la emisión de contaminantes durante su producción, esta innovación subraya un impacto social y productivo clave. Como destaca Pajoni, la masificación de este bioplástico representaría "una gran oportunidad económica para los productores de mandioca del país".
Una vez más, la sinergia entre la investigación científica y los recursos naturales demuestra que el futuro del consumo masivo puede —y debe— ser regenerativo.


